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Crecer con la Memoria

ANTES DE PONER BOMBAS YA ERA ASESINO

ANTES DE PONER BOMBAS YA ERA ASESINO ANTES DE PONER BOMBAS YA ERA ASESINO
POR Lourdes Rey Veitia

La pregunta se repetía ¿Quién es Posada Carriles? ¿Quién es Orlando Bosch? Esta vez la hacia mi hija, 28 años después. Antes la hice yo a mi madre. En aquel entonces tenía la misma edad que mi hija hoy. Pero la pregunta seguía siendo la misma, aunque la respuesta esta vez llevaban dentro casi tres décadas de odio y muchos más argumentos.
A mi mente vinieron las imágenes de aquel triste día de octubre en que los cubanos nos levantamos con la noticia de la explosión en pleno vuelo de un avión de cubana. En mi pueblo, San Juan de los Yeras la conmoción era doble, dos jóvenes del municipio morían en el atentado, Wilfredo y Tomás, piloto y copiloto de la nave.
Recuerdo aquel instante. El abuelo tomaba café , la abuela servia a todos el desayuno, que nadie injirió. Nos disponíamos a ir a la escuela . Quedamos conmovidos. Los más pequeños casi no entendíamos que sucedía. Solo la voz de la abuela se escuchó. Sonó fuerte, creo que por primera vez para todos en la casa ella había perdido la dulzura.
“Ese, antes de poner bombas ya era asesino, dijo y el silencio se hizo más profundo. Se refería a Orlando Bosch con quien había estudiado la primaria en la escuelita urbana del pueblo. Siempre fue un abusador, altanero, arrogante, prepotente , se hacía el gracioso , mira a donde fueron a parar sus gracias”, expresaba con rabia.
“Se hizo pediatra, pero siempre me he preguntado cómo podía ir esa profesión con ese hombre. Sus pacientes eran solo gentes influyentes. Nunca atendió a pobres , yo sé de quienes tocaron a su puerta para que le atendieran a un hijo enfermo y no abrir, o decir que estaba en otros asuntos . Ese niño murió días después, eso es un crimen sin poner bombas, explicaba y repetía, antes de poner bombas ya era asesino”.
“Desde aquella época ya todos sabíamos cuales eran sus asuntos urgentes él y el cienfueguero siempre andaban por aquí por San Juan y por Santa Clara” especificaba. Hoy los cubanos sabemos que el cienfueguero era Posada Carriles.
Recuerdo que ella jamás fue indelicada , le sobraba mesura , era absolutamente correcta. Inesperadamente para todos aquel día expresó una palabra que estaba fuera de sus modales, la que a pesar de su tradicional contenido sonó legitima , auténtica y exacta. Ese día en el silencio del viejo comedor mis hermanos y yo entendimos en aquel desayuno que era el terrorismo.
Los años han transcurrido y la pregunta ha pasado de generación en generación. Los argumentos para pedir justicia a aquel y a otros crímenes cada vez son mas profundos y más contundentes, porque el sabotaje está impune, porque nunca se ha hecho justicia.
Mi abuela Marta murió hace pocos años, pero su testimonio quedó en la familia y entre algunos colegas, en especial José Antonio Fulgueiras, quien era su amigo, quien lo tomó como parte de su crónica en el libro WELCOME HOME , recién publicado sobre el terrorismo en el país.
Por considerarlo personal nunca lo había compartido públicamente, pero ante la pregunta de mi hija me doy cuenta que nada es personal cuando se trata de explicar quienes son Orlando Bosch y Posada Carriles.
Como todo el pueblo de Cuba aquel día en la casa lloramos viendo por televisión el entierro de las victimas de aquel atentado, ella siempre siguió con total atención el proceso y nunca vio que se hiciera justicia apesar de su longevidad. Por eso tome sus argumentos para explicarle a la niña quienes eran Bosch y Carriles y qué habían hecho. Las lagrimas saltaron en los ojos de ambas. Aún casi tres décadas después llorábamos de impotencia, pero con la certeza de que la injusticia está temblando ante el reclamo incansable de este pueblo y Fidel.
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