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Crecer con la Memoria

Marta Abreu, patriota excepcional

Marta Abreu, patriota excepcional

 

Más que benefactora  de Santa Clara fue una excepcional patriota

Por Lourdes Rey Veitia

 

Doña Marta Abreu de Estévez fue una mujer excepcional y más que benefactora de Santa Clara hay que llamarla patriota.

Según Fermín Valdés Domínguez su extraordinaria contribución a  la causa de la independencia de Cuba fue su más “excelsa virtud”.

Después del reinicio de la guerra, el 24 de febrero de 1895, Marta y su esposo Luis Estévez salen de Cuba y desde Europa estuvieron al tanto de los sucesos  que ocurrían en la Isla.

Ella  y su hijo con  los seudónimos de Ignacio y Jimaguayú, respectivamente, encabezaron la lista de donantes a la Guerra Necesaria con más de 800 mil pesos oro.

Fue el propio Máximo Gómez durante una visita a Santa Clara el 13 de febrero de1898 quien la ubicó en su lugar exacto para la historia de la Patria al expresar: “No saben ustedes los villaclareños, los cubanos todos, cual es el verdadero valor de esa señora .Si se sometiera a una deliberación en el Ejército Libertador el grado que a dama tan generosa habría de corresponder, yo me atrevo a afirmar que no hubiera sido difícil se le asignara el mismo grado que yo ostento”.

Marta Abreu: Generalísima.

A su casa en Paris acudía cuanto cubano de buena  voluntad  necesitaba de pasajes, hospedaje, envió al campo insurrecto municiones, rifles, medicamentos, instrumental quirúrgico  y mantenía estrecho contacto con las huestes mambisas, incluso se sabe que al conocer la noticia de la muerte del General Antonio Maceo envió una  misiva  de dolor y aliento: “Ante golpe tan doloroso y  en horas como estas no podemos desfallecer,  adelante, pongo a disposición 10 mil pesos”.

Esa era Marta…La misma que donó a Santa Clara, la urbe donde nació, lavaderos para que las mujeres de la villa no hicieran esa faena al Sol,  la que rifó máquinas de coser a jóvenes de escasos recursos económicos para que tuvieran una forma honrada de ganarse la vida, la que propició la creación para los presos de esposas que no les dañaban la piel al ser trasladados.

Fue esta mujer la que pensó en una Santa Clara de ciencia y dotó la ciudad de un observatorio meteorológico, una planta eléctrica e  introdujo el ferrocarril, la misma  que mandó a construir un dispensario médico para atender a los pobres y habilitó escuelas para niños y niñas así como  un asilo de ancianos.

Fue ella quien ideó y financió la construcción del majestuoso  teatro La Caridad,  joya arquitectónica de la ciudad, que lleva ese nombre porque lo que se recaudaba en sus funciones era destinado a sustentar las escuelas, el asilo y el dispensario.

Pero fue mucho  más  inmensa el día que regresó de París para ver hondear sola en El Morro la bandera cubana y cuando convenció a su esposo a renunciar al cargo de vicepresidente de la República ante el entreguismo de Don Tomas Estrada Palma.

Así fue, una mujer enérgicamente dulce, de las que se puso al servicio de su Patria y a quien Santa Clara recordó en su 166 natalicio este 13 de noviembre.

 

 

 

 

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