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Crecer con la Memoria

Secretos para la felicidad temprana

Cuba cerró el 2010 con una tasa de mortalidad infantil de 4,5 por cada mil nacidos vivos y ocho de las provincias registran cifras menores de cinco, ello garantiza una infancia feliz.

Lourdes Rey Veitia

Cuando veo sonreír a Malú, mi hija de quince años,  y sus amigos, y es casi constante, me convenzo que esa alegría tiene como antecedente los cuidados que el sistema de salud cubano ha diseñado en el programa materno infantil.

Semanas después de saber que estaba embarazada se iniciaron una serie de exámenes -ultrasonidos, análisis de sangre, pruebas genéticas, medicamentos especiales –para garantizar una gestación segura. Ante cualquier riesgo sería ingresada en un centro especializado, los nueve meses si fuera necesario.

Antes, los especialistas de infertilidad habían hecho, durante años, intensos esfuerzos por lograr el milagro. En la hora crucial del parto todo estuvo listo por si era imprescindible una cesárea u otro proceder. A mi hija le llamaban “feto valioso”, porque la ciencia cubana había puesto todo su saber para lograrla.

Lo interesante es que no era la única mujer que recibía esos cuidados. Durante todo ese período, en las consultas coincidíamos muchas en busca de la felicidad, no importaba ni la religión ni la afiliación política que profesaran.

Recuerdo que en el cubículo del hospital materno “Mariana Grajales”, en la central ciudad de Santa Clara, estaban ingresadas  en las camas cercanas a la mía una mujer que emigraría y otra de familia practicante de la religión yoruba. Las tres madres recibimos idéntica atención, gratuita y profesional.  Hacia los niños hubo un  particular esmero, incluso uno de ellos tuvo que ser valorado por un especialista en cardiología.

Horas después de nacer, los niños cubanos son vacunados contra doce enfermedades,  son obligatorias las consultas semanales con el pediatra en el consultorio médico de la comunidad, sobre ellos hay un estricto control y se les preserva del más mínimo riesgo.

La infancia en Cuba está protegida por el Estado incluso antes de nacer los niños,  en ese trabajo sistemático y personalizado se sustentan datos trascendentes como los del pasado año: una tasa de mortalidad infantil de 4,5 por cada mil nacidos vivos, ocho provincias registraron cifras menores de cinco,  se destacó Villa Clara con 2,5, también Holguín con 3.0, Cienfuegos y Matanzas con 3.7, Camagüey  4.4, Granma 4.7, Pinar del Río y Sancti Spíritus 4.9, y el municipio especial Isla de la Juventud con 2.8, otros veintitrés territorios reportaron cero decesos.

Por eso cuando veo sonreír a Malú y sus amigos, se que en esa sonrisa van desvelos, preocupaciones, cientos de recursos. Pero vale la pena porque solo una felicidad temprana  puede garantizar rostros francos y únicos  que alberguen los más increíbles sueños.  

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