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Crecer con la Memoria

Desfile junto al Che

El pueblo de Santa Clara está listo para iniciar el desfile en la Plaza Comandante Ernesto Guevara  de esta ciudad.

 

Por Lourdes Rey Veitia

 

A pesar de lo oscuro de la  madrugada desde mi balcón veo la silueta de la estatua del Che en lo más alto de Santa Clara en la Plaza que lleva su nombre. El guerrillero  con su paso al frente y su ametralladora en ristre espera al pueblo.

Sabe que en Santa Clara se durmió  poco  este viernes, después de un jueves de trabajo productivo en cada centro laboral. Es el primer día del quinto mes del año  y como es tradicional todos irán a su encuentro para celebrar el día del proletariado mundial.

El Che ha sido también el confidente del murmullo constante de las últimas  horas, ha seguido cómo el ir y venir de transeúntes aumenta cuando se acerca la hora señalada. Ha visto cómo en las calles  se incrementa el ajetreo y  casi a unísono  el personal se concentra en los puntos desde donde juntos, maestros, abogados, la ama de casa, el combatiente, el obrero y el joven esperan para partir hacia llegar su Plaza. La del Che, la de todos: ese lugar mágico que es espacio para la reafirmación de un pueblo en pos de sus triunfos.

Todos traen las manos ocupadas: unos con pancartas, otros con banderas cubanas, rojas, azules, estandartes, flores. Aquel  se distingue más porque tomó la foto del líder obrero Jesús Menéndez que custodiaba su oficina y ella la de Lázaro Peña casi revivido y augurando una jornada de conquistas.

Guevara -centinela de la ciudad- lo  observa todo; incluso  estuvo alerta cuando la luna languideció entre las  nubes del Escambray. Vio también cómo se adornó la tribuna, y quiso extender su mano  hasta la pancarta  cercana  donde están los rostros de los cinco hermanos patriotas que hoy cumplen injustas prisiones en cárceles del imperio - René, Ramón, Gerardo, Antonio y Fernando- a quienes  él mismo con su ejemplo  los inspiró a luchar contra  el terrorismo y parece darle su ametralladora para continuar la lucha.

El Che ha mirando a Santa Clara en la víspera de este primero de mayo. Se siente honrado en el hombre humilde que tomó un sorbo de café y salió a cumplir el deber,  en el que montó en su bicicleta para llegar exacto junto a los demás o en aquellos que han realizado proezas productivas en las fábricas que  fundó hace 45 años - Industria de Utensilios Domésticos (INPUD) y Planta Mecánica-, las que  hoy son insignes en Cuba.

Sabe que pronto estará rodeado por la  multitud compacta que pasará frente a la tribuna. Estará en todos; en  el niño que en los  hombros del padre agitará una bandera como  símbolo del futuro que  continúa, en los enamorados que no esconden  su amor y se besan desinhibidos,  en la sonrisa de una mujer, en la ternura de un anciano que tiene el record de participar en los 50  desfiles del primero de mayo  convocados por la Revolución.

Es casi la hora prevista, el Che ha visto también salir el sol, siente las primeras canciones que se entonan, está escuchando los himnos de guerra,  sabe que la Patria está  en cada uno de los que acuden a la cita y que sobrepasan los 150 mil.

Todo está listo  en  Santa Clara  para rememora el día del proletariado mundial  y desde el  centro de la Isla hacer crecer el porvenir y luchar Hasta la Victoria Siempre.

 

 

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